Juan Tamariz y la magia de compartir: un recuerdo al maestro

Juan Tamariz

Querido amante de la magia, probablemente haya artículos de más interés sobre Juan, gente cercana a el que vivió su día a día, su progreso, su trabajo…

Pero no podíamos pasar por alto lo que ha significado Juan para el mundo de la magia.

Esto no pretende ser una biografía ni repaso a su trabajo. No es más, que unas palabras escritas para quién dejó tan bello legado y cambió la magia.

En una época tan complicada, donde para acceder a la magia precisabas de ingeniártelas, y que por supuesto, las tiendas de magia estaban casi ocultas a profanos, con catálogos en papel y un acceso casi exclusivo, Juan despuntó, ya no por todo lo que aportó, si no por su amor incondicional a la magia.

Confieso que jamás he leído un libro de Juan, gran pecado, pero quiero encontrar el momento para hacerlo. Un lugar, un por qué. Y estoy seguro que cuando lo haga, mi forma de ver la magia cambiará.

Pero, de Juan aprendí, por lo poco que lo traté, que hay que compartir. Todo tu conocimiento, de nada sirve guardarlo. Porque lo bonito de este mundo es que todos, repito, TODOS, tenemos pensamientos, técnicas, juegos… algo que compartir. Y que con tan solo haya una persona que lo valore, ya merecerá la pena.

Gran parte de todo esto fue lo que me animó a escribir mi libro sobre magia familiar, porque yo pensaba, ¿Quién soy para enseñar nada? 

Y hoy, se que ha muchos aficionados les cambió la forma de ver la magia familiar o les ayudó a dar el salto a ella.

Y de Juan, lo que más valoro, es su pasión por compartir. Porque compartiendo, es donde más se aprende.

Me apena ver como la magia ha cambiado tanto, de su época, a la actual. Donde en esos años bellos donde la magia “sencilla” despuntaba en teatros, salas y televisión, a lo que hoy significa. Pero los tiempos cambian, y ese es el verdadero reto. 

Tengo el bonito recuerdo de ver un show de cerca de Juan, en Archena, Murcia, allá por el 2019. Una mesa con mantel, un tapete, una silla para Juan, y decenas de personas rodeando la mesa en forma de media luna. Corrí para coger sitio, estaba en primera fila, deseando ver al maestro. Y me preguntaba, ¿solo hará magia con cartas? ¿Tanto tiempo?

Y ahí llegó Juan, que durante más de dos horas estuvo con tan solo una baraja, milagro tras milagro. De veras que es muy muy complicado distraer y meter de lleno a un público, durante tanto tiempo, y con una sola baraja. Pero Juan era otro mundo. No era posible que hiciera todo aquello con una sola baraja. Sin parecer tocar nada. Como si la baraja trabajara internamente sola o hubiesen enanitos dentro de ella. No era posible…

Pero ahora… me traslado aún más hacia detrás, al año 2011.

Juan actuaba en el teatro Quintero de Sevilla. Un show diferente, subido al escenario.

Yo en aquel entonces tendría unos 18 años. Mi concepto de la magia de escenario era que debía ser espectacular, con efectos que ocuparan espacio, magia visual, efecto tras efecto.

Pero allí llegó Juan con su maletín de violín, y una mesa. En mi cabeza no era posible que un mago pudiese hacer un show completo, en un escenario tan amplio, y con tan poco material. 

Juan se metió de lleno al público en el bolsillo desde primera hora. Su humor, su saber estar, los detalles… Era como puertas que se me habrían en la mente cada minuto, descubriendo que con poco, se puede hacer mucho. Descubriendo que un escenario no solo se llena con un aparato grande, si no también, con saber estar, personalidad, y conexión con el público.

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